Como se engrandece el Alma,
cuando en el quehacer cotidiano,
a todo lo que nos rodea, aún a lo inanimado,
le acordamos un protagonismo humano.
Y es así, como el GRAN ARBITRO,
a vos Canchón te llamo,
porque de manera indiscutible e imparcial reflejas,
el derecho de cada parte a presentar sus quejas.
Cuanto peso y paso de mortales,
por tu pecho van pasando,
cuantos ruidos y conversaciones,
tu memoria va almacenado.
Ya más de ocho décadas has cumplido,
y como siempre con la misma prestancia,
orgulloso nos exhibes a dos Chorbitas,
que fueron entre otras tantas los juguetes de tu infancia.
Y por el tiempo transcurrido y el esfuerzo demostrado,
día a día crece tu jerarquía,
pero te sacaron los mulares que eran tus mascotas,
y te arrancaron las vías.
Y en tu superficie geométrica,
que a la de un gran cuadrilátero se asemeja,
faltando horas para la contienda,
a los protagonistas en rincones opuestos los presenta.
Las Cosechadoras con sus Carros,
al trapiche le recuerdan, ya va a comenzar la Zafra,
y probando sus molinos les contesta,
con un a desafinada música sacra.

Tanques, Casillas, Carros y Cosechadoras,
con sus pulcros amarillos chapones,
parten hacia los frentes,
cual si fueran verdaderos batallones.
Y es así como llega el día señalado,
comienzan las aflicciones los apuros y los festejos,
y cuando todos han partido,
expectante queda el canchón como un espejo.
Y al final de esta anual contienda,
el veredicto de antemano ya está dictaminado,
porque este GRAN ARBITRO, jamás permitió el noc-aut en el combate,
siempre auspició al objetivo propuesto,
con un decoroso y respetuoso empate.
Vivirás eternamente Canchón,
siempre que tus juguetes y mascotas,
continúen llevando cañas al cielo,
como ofrendas de dulzura para dios